Entrevista a Juan G. Arroita

Juan G. Arroita: “Si se quiere practicar un periodismo objetivo lo normal es que no se exterioricen los colores”

Entrevista a Juan G. Arroita, autor de 'Mentiras y tópicos del fútbol''Juan G. Arroita se conforma con poco. Cuando juega al fútbol no duda en dejar su sitio en el campo a un compañero si cree que este lo puede hacer mejor, no duda en apartarse unos minutos para recuperar el aliento sabiendo que su lugar lo puede ocupar otro y él puede regresar con más fuerzas para ayudar al equipo. Juan G. Arroita se conforma con intentar cambiar su mundo con las pequeñas armas que tiene, desde una revista que no tiene olor pero si corazón. Lo hace con pasión, algo escondida tras un flequillo dejado a la improvisación que proporciona un aire despistado. Nada más lejos de la realidad, siempre crítico y respetuoso busca su oportunidad sin dejar de observar su alrededor. Juan G. Arroita no se conforma con nada; por eso ahora su curiosidad le ha llevado a atreverse conMentiras y tópicos del fútbol’.

¿Cómo surge la idea de escribir ‘Mentiras y tópicos del fútbol’?

Fue a raíz de la Eurocopa 2012 en la que la Italia de Cesare Prandelli jugó muy buen fútbol llegando a la final contra España, y aquí se comenzó a decir que Italia había perdido el catenaccio, que ahora jugaba al ataque. Y pensé que Italia, catenaccio como tal, llevaba mucho tiempo sin jugarlo. Ganó el Mundial de 1982 con un fútbol muy ofensivo, pasando por encima de una de las mejores selecciones de Brasil y Zico llegó a decir que si ellos hubieran marcado seis goles, aquella Italia habría marcado siete. A raíz de ese mito del catenaccio empecé a barajar la idea, se me empezaron a ocurrir más tópicos, mentiras y mitos, que rodean al fútbol y que creo que merecían recopilarse en un libro.

¿Existe algún tópico que no hayas conseguido desmontar?

El de los guantes de Miguel Reina. Le he intentado llamar treinta mil veces y era imposible. Pregunté hace poco a Adelardo, que jugó en el Atlético de Madrid aquel año con él, y me dijo que no sabía nada. El que me lo tiene que decir es Miguel Reina. Si le dio los guantes de verdad al periodista de Marca que estaba detrás de la portería o no. Yo creo que no, que es una leyenda urbana, porque en el momento que tira Schwarzenbeck está bien colocado. O si es que sí, es un par de minutos antes, no influye nada.

Entre los que más me gustan está el de la expulsión del capitán Rattín, de Argentina, en el Mundial de Inglaterra 1966. El primero que me lo destapó fue Gatti. Le entrevisté y le pregunté por la historia de Rattín, estrujando el banderín del córner cuando le expulsan, sentándose en la alfombra roja de la Reina comiéndose las chocolatinas que le tiraban los aficionados. Me dijo que era todo mentira, él estaba en el banquillo. De hecho me comentó que la Reina de Inglaterra no fue ni al partido.

El de las botas de Ceaucescu también me gustó mucho, hablando de la historia del fútbol rumano y del dictador. Yo sabía que habían retirado una bota de oro a Camataru porque la UEFA había descubierto que estaba todo amañado, marcando 20 goles en los últimos 6 partidos. Investigué y encontré también dos o tres más, Dorin Mateut entre ellos, que también eran muy sospechosos. Eran jugadores que con 24 años marcaban sus 28 o 30 goles que les hacían ganar la bota de oro, salían de Rumanía y después marcaban 6 u 8 goles. Volvían a Rumanía sin ser muy mayores y nunca volvían a las cifras de antes, sin estar Ceacescu.

Álvaro Arbeloa escribe el prólogo del libro. La historia de cómo lo contactaste es muy curiosa.

La idea inicial para hacer el prólogo era Arbeloa. El problema era que yo no podía acceder a él de ninguna manera. Lo intenté a través de la gente que seguía en Twitter. A través de uno de esos contactos me llegó que la idea le gustaba. Y justo en ese momento está ocho meses sin tuitear, y ya pensé en buscar otras opciones. Pero a falta de una semana para entregar el último borrador, me facilitan un correo electrónico. De primeras no pienso en que un jugador de fútbol consulte mucho el correo, pero decido mandarle un email a la desesperada, contándole en una parrafada mi vida, hasta cuántos hermanos tenía. Poco después me llega el aviso de que Arbeloa me sigue en Twitter. Veo el correo y veo que me ha contestado, dándome las gracias encantado y agradecido por pensar en él. Se leyó el libro, le pasé un borrador de los primeros, que tenía muchos errores, y en un viaje que jugaba contra el Villarreal me iba mandando pequeñas capturas de todo lo que iba corrigiendo.

Al final es el primer mito que se te desmonta.

Absolutamente. Arbeloa me ha demostrado muchísimo. De hecho él se comprometió y quería hacerlo, aunque no me conocía de nada, porque dice que de vez en cuando hay que echar una mano a alguien que lo necesita, que está empezando.

El libro comienza con una cita de Vargas Llosa sobre la mitología que proporciona la crítica de fútbol. ¿El desconocimiento del origen del fútbol ha potenciado su mitología?

Sí que puede contribuir, más que a la mitología, a aumentar la grandeza del fútbol. Es tan grande que no se sabe exactamente dónde empezó.

Entrevista a Juan G. Arroita, autor de 'Mentiras y tópicos del fútbol''

El prólogo de Mentiras y tópicos del fútbol está escrito por Álvaro Arbeloa

¿Qué sería el fútbol sin los tópicos?

Arbeloa responde que a los jugadores les ayuda mucho cuando tienen el cortocircuito. Pero supongo que lo mismo que la vida, no puede concebirse el fútbol sin todo esto. Igual que en el periodismo, aunque convendría que no existieran tantos tópicos. Se abusa por desconocimiento.

¿Favorece la escasez de medios y documentos la creación de mitos?

Absolutamente. El Grande Torino de Valentino Mazzola, Loik y compañía, de finales de los 40 que murió en la tragedia de Superga, ese es un equipo al que yo no he visto ningún partido, porque no sé si existe un partido completo grabado. Y es una leyenda del fútbol, para muchos es el mejor equipo de la historia. La Hungría de los 50 también es uno de los mejores equipos de la historia y sólo habrá 15 o 20 partidos de ellos. Jugadores como Garrincha o Gigi Meroni se tiende a engrandecerlos por las historias y por la falta de imágenes, que hace que se creen más historias, que se escriba mucho más sobre ellos y eso también contribuye a alimentar los mitos.

El Trinche Carlovich sería el mejor ejemplo de ello.

Absolutamente. Si no hay imágenes la gente tiende a imaginar, a escribir, y al final lo que se va escribiendo, al igual que el boca a boca, todo tiende a aumentar.

En el libro diferencias entre jugar bonito y jugar bien. ¿Por qué a los equipos pequeños se les permite jugar bien, y sin embargo a los grandes se les exige jugar bien y además bonito?

Todos tienen el deber de cumplir y jugar bien, para cumplir sus objetivos. Pero a los grandes, por tener más recursos, se les debe exigir más. Van a ganar más partidos que los pequeños y deben ofrecer algo más.

Mucha gente confunde jugar bien con jugar bonito. Hay una diferencia considerable, puesto que parece predeterminado que jugar bonito es hacerlo de cara al espectador, al ataque y con rápidos contragolpes y estéticas triangulaciones, sin la necesidad de ganar el partido. Jugar bien, en cambio, es cumplir el objetivo previsto por el equipo, jugar bien es concluir exitosamente con el plan predispuesto. Se puede jugar bien de distintas formas, tanto atacando como defendiendo. (…) Jugar bien es, en definitiva, emplear tus recursos de forma satisfactoria. [Extracto del libro]

 

¿Con cuál de los dos juegos disfrutas más?

Todo el mundo disfruta, por ejemplo, con el Barcelona de Guardiola. Un fútbol que es bonito y está bien llevado a cabo, porque gana. Se disfruta muchísimo. Pero sé disfrutar de la misma manera con el Chelsea de Di Matteo que se encerró en el Camp Nou o el Inter de Mourinho, 60 minutos con uno menos y más encerrado, para mí eso es espectáculo puro. Aunque luego entiendo perfectamente el gusto por jugar bonito, y sobre todo por esos partidos frenéticos que se ven mucho en el fútbol inglés o se vio en el Madrid de Capello, que están llenos de imperfecciones. En fútbol se puede disfrutar prácticamente de todo siempre y cuando se mantenga la mente abierta.

¿Comprendes la crítica al juego que no es bonito?

La comprendo, pero no la comparto. Entiendo que cada uno tiene sus gustos, y que puede gustar más o menos una cosa. Por ejemplo, el Rayo de Paco Jémez, o el Cagliari de Zdenek Zeman. Son equipos ultraofensivos, casi suicidas. Eso es genial para el espectador, se disfruta mucho viéndolo, pero creo que pecan de estupidez, porque da la sensación de que a veces no quieren ganar, o no preparan suficiente bien los partidos como para ganar.

¿Falta de realismo?

Falta de realismo, viven un mundo utópico a lo mejor. Por eso yo he pensado siempre que Paco Jémez no sería idóneo para la Selección Española. Aparte de que para un planteamiento como el de Jémez se necesita mucha planificación y la Selección no tiene ese tiempo de maniobra. Creo que fracasaría. Ojalá me equivoque si en un futuro le contratan, o si evoluciona él.Entrevista a Juan G. Arroita, autor de 'Mentiras y tópicos del fútbol''

Cambiando de tercio y hablando de tu revista Kaiser. Cuéntanos cómo surgió el proyecto.

Yo estaba estudiando, estaba en segundo o tercero, y tenía turno de tarde en la Universidad. Iba a clase a las cuatro de la tarde, y salía de ver los deportes en el colegio mayor. Pero en ese trayecto, que son tres minutos, iba pensando lo desmotivadísimo que estaba. En segundo o tercero de carrera. Y en ese trayecto dije: ‘Voy a crear un medio yo. Sé maquetar más o menos y puedo aprender un poco más’. Y según llegué a clase, les dije a cuatro o cinco amigos: ‘Vamos a hacer una revista’. Además acababa de desaparecer Don Balón un par de meses antes, y acababa de surgir Panenka, aunque era mensual. Y empecé a hacer Kaiser semanal, todos lo lunes. Y era más bien por el inconformismo que sentía porque no se veía en la prensa, ni en televisión ni en radio, lo que a mí me gustaba del periodismo. No lo encontraba. Y yo dije: ‘Si no lo encuentro, voy a crearlo yo’.

Mencionas a Panenka. ¿Es una inspiración, un foco de luz dentro de ese inconformismo?

Panenka creo que empezó dos meses antes que nosotros. Estoy suscrito, me parece una brutalidad de publicación. Sin duda es una de las grandes referencias que tiene Kaiser de largo. Tanto el diseño,  me parece revolucionario, porque luego ha salido Líbero con un diseño más o menos parecido. Kaiser ha ido variando y también se parece un poquillo a Panenka. Y en cuanto a contenidos, las historias que cuentan, los reportajes, creo que es más referencia Panenka que Líbero para Kaiser.

¿Te planteaste el proyecto con algún objetivo final?

Vivir de ello. Todo el mundo cuando empieza un proyecto piensa: ‘Ojalá pueda vivir de esto’. Pero es muy jodido, de hecho quizá nunca pueda vivir de esto. Es casi imposible subsistir con esto.

¿Qué otras referencias tienes en el periodismo actual?

En cuanto a diario L’Equipe es uno de los grandes ejemplos de lo que se debe hacer en periodismo y que no hay en España. Me gusta mucho como revista un semanal de La Gazzetta dello Sport que se llama Sportweek que me parece buenísimo. Panenka, Líbero, y por supuesto la referencia de Don Balón. La francesa So Foot también me gusta mucho.

En la biografía del libro se dice que has perdido los colores. ¿Para hacer buen periodismo deportivo es necesario perderlos?

Depende del ámbito del periodismo deportivo en que estés, pero en mi caso era necesario, y fue algo natural. Creo que no es requisito indispensable, aunque si se quiere practicar un periodismo objetivo es normal que no se exterioricen esos colores. En el momento en que se exteriorizan, los que te leen ya no te van a ver con los mismos ojos.

Y defiendo también, al igual que defiendo todos los estilos de juego en el fútbol, todos los estilos de periodismo. Antes era más radical con eso, con todos los que no pensaban como yo. Pero con el tiempo me he dado cuenta que hasta en periodismo puede haber diferentes tipos. En la televisión, por ejemplo, hay mucho más show. Y defiendo eso porque la gente quiere pasar el tiempo, aunque no estoy de acuerdo con esa afirmación que dice que ‘es lo que vende’, porque todavía no se ha probado a hacer algo de calidad, diferente, con lo que se Informe de verdad.

Comentaba Martí Perarnau en una entrevista en Jot Down que el periodismo deportivo se ha futbolizado.

Eso es verdad. El problema es que ahora sacas un diario que no sea exclusivamente de fútbol o que tenga fútbol como tema principal y no lo va a leer nadie. Porque a la gente hay que educarla, y ahora mismo la gente no sale de lo que sea el fútbol. Haría falta tiempo para reeducarla con otro tipo de periodismo que sí que se ha llegado a practicar en España.

Kaiser, Minuto 116, Perarnau Magazine, Líbero, Panenka. ¿Puede haber un momento en el que este tipo de medios den un golpe en la mesa y destierren o consigan el público de los grandes?

Un medio desde abajo, por muy Perarnau, Kaiser o Ecos del Balón que sea, no puede competir con los grandes, porque no tiene un soporte económico detrás que es lo necesario para tirar hacia adelante. Creo que era Borja Pardo, a raíz de la portada de L’Equipe dedicada a Federer cuando Suiza le ganó la Copa Davis a Francia, quien reflexionaba en Twitter lo que sería un medio así en España. Uniéndose algunos medios, liderados por Perarnau. Quizá en ese caso, uniéndose cuatro o cinco medios potentes que en redes sociales tienen mucho tirón, sí que podría hacerse algo. Pero no es posible, al menos ahora mismo. Y lo necesario para que un medio pequeñito llegase arriba es un soporte detrás bestial, no sólo calidad.

Al final también son publicaciones muy de nicho con públicos muy reducidos.

Claro. Lo que abarca Marca es imposible que lo abarque Kaiser o Sphera. Sólo piensa en el número de redactores que puede tener Marca. Los medios pequeños pueden conseguir gente que colabora, pero jamás al nivel de producción de un diario. Sin un soporte económico gordo detrás, no lo veo.

La estantería futbolera de Juan G. Arroita

La estantería futbolera de Juan G. Arroita

En Cartas de Coubertin no nos podemos ir sin preguntarte ¿cuáles son tus libros de referencia?

Fútbol contra el enemigo, de Simon Kuper, Fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano y La Historia de los Mundiales de Brian Glanville.

¿Y películas o documentales?

El Informe Robinson de Antonio Durán, el entrenador del Malmöe, y siempre recuerdo dos reportajes que me han impactado. De Fiebre Maldini, uno que hicieron sobre Bert Trautmann, un paracaidista nazi que acabó siendo portero y leyenda del Manchester City, y el Informe Robinson sobre Gino Bartali.

Hay una evidente proliferación últimamente de libros de fútbol. ¿Se le ha perdido el miedo a relacionar cultura y fútbol?

Se le ha perdido el miedo en general, no sólo de la cultura. Había antes una barrera que impedía que los autores escribiesen y el público no concebía tampoco un libro del fútbol. Han ayudado mucho editoriales como Al Poste, Córner, Contra o T&B Editores.

Saber de fútbol no entiende de edades, de razas o de sexos. Saber de fútbol es comprender desde el respeto que todos los sistemas de juego son válidos, entender que hay muchas maneras de ganar y no tratar de imponer una sola. [Extracto del libro]

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