Miedo escénico, por Jorge Valdano

Juanito, Santillana. Real Madrid [1985]Es una sensación difícil de explicar. Sufrir una victoria aplastante, en una competición de las denominadas ‘del K.O.‘, lejos de tu guarida, tu templo, tu refugio deportivo. El orgullo golpeado y las heridas abiertas infligidas por la humillación de un resultado abultado fuera de casa. La impotencia y la resignación fluyendo incontroladas por cada nervio.

Sin embargo, en ese momento de máximo hundimiento brota una fe inquebrantable e insensata. Una creencia ciega en la posibilidad de dar vuelta al marcador, amparada por el rugido de miles de aficionados que abarrotan el estadio, por una actitud ambiciosa e insaciable de los jugadores, en busca de la restitución de un honor dañado por la goleada encajada.

En los años 80, el estadio Santiago Bernabéu fue epicentro de este sentimiento. Una fortaleza conjurada a las remontadas, que vivió noches épicas en el marco de la Copa de la UEFA. Una feroz resistencia cuyos rescoldos aún hoy avivan las esperanzas para superar eliminatorias con resultados adversos en competición europea. Pero no queremos hoy ofrecer una lección de Historia del Fútbol, hoy venimos a hablaros de otra cosa.

En aquellos años de legendarias noches fue cuando surgió el concepto actualmente tan extendido del ‘miedo escénico’, acuñado para el mundo del fútbol por Jorge Valdano en 1986 en un artículo que el argentino escribió para el número de julio-agosto de la Revista de Occidente, una prestigiosa publicación de carácter cultural y científico, que fue creada en 1923 por el filósofo José Ortega y Gasset. El ex futbolista de Newell’s, Alavés, Zaragoza y Real Madrid, es, probablemente, uno de los máximos exponentes de la inseparable unión entre cultura y deporte, a tenor de la publicación de diferentes libros dedicados a la literatura futbolera, y de su verbo fluído.

Revista de occidente 1986El jugoso artículo del que hablamos es un compendio de reflexiones que desemboca en la explicación del fenómeno vivido, en los años del artículo, en el coloso sito en el número 1 de la Avenida de Concha Espina. En él, Valdano aclara desde el principio que rescató el término de Gabriel García Márquez, que lo utilizó para referirse al pánico que éste sentía cuando se veía obligado a hablar en público,  viendo en él un gran paralelismo al temor que sufre el futbolista ante la escrutadora mirada de espectadores y periodistas, que “multiplican el número de espectadores y en consecuencia son en sí mismos una importante fuente engendradora de miedos”.

En el texto, el que fuera entrenador de Tenerife, Real Madrid y Valencia, evidencia uno de los factores para él imprescindibles en la ‘marca registrada’ que el estado de ánimo del Bernabéu patentó en aquella década. “Resultados escandalosamente desfavorables fueron superados gracias a actuaciones poco menos que milagrosas, pero que son enteramente explicables apelando a elementos que van más allá de lo estrictamente futbolístico. […] Aún entendiendo que los grandes equipos se hacen a partir de grandes jugadores, hay aspectos puramente emocionales de importancia trascendental en el desarrollo de un encuentro futbolístico. […]”.

Habla de cuestiones psicológicas. De una historia que espolea a los jugadores locales en la misma proporción con la que intimida a los visitantes, de 90.000 almas que inyectan un plus de confianza en los jugadores blancos mientras “cuelga en cada jugador adversario una mochila cargada de inseguridad, timidez y miedo”.

Un miedo para el que Jorge Valdano tiene un antídoto, simple, básico. La experiencia. Una experiencia que sirve como placebo, y que no arranca de raíz los temores y los nervios ante el examen que el jugador ha de pasar en cada partido, pero que ofrece las herramientas necesarias para controlarlo, para que no impregne cada decisión de inseguridad y fatalidad. Y junto a ella, la clarividencia del saber a qué se juega, la trascendencia del juicio propio que evita “que sean los demás quienes den, con sus gritos, pitos y aplausos, la referencia del triunfo y el fracaso”.

El artículo es también una reivindicación del fútbol como juego improvisado (“el futbolista es un actor obligado a representar una obra desconocida, ante un rival que tratará de impedírselo”, donde “sale a dar un concierto sin partitura”, para inventar un fútbol “en cada momento, utilizando preferentemente una parte del cuerpo tan inhábil y distante del cerebro como son los pies. Un verdadero lío y para colmo con mucha gente mirando”), como magia incontrolable que lucha contra los encorsetados sistemas de algunos entrenadores que pretenden ser más importantes que el propio juego, y un alegato en defensa de la importancia cultural del fútbol, una “expresión popular que sigue atrapando la emoción dominguera de aficionados de todo el mundo, convertido en cautivante fenómeno de movilización masiva que debería ser merecedor de una atención más respetuosa”.

Es en definitiva, un ensayo sobre el pánico, temor y miedo que el Santiago Bernabéu produjo en los despavoridos futbolistas que se atrevieron a visitarlo en aquellos años. “Un miedo abierto y claudicante que los entregó resignadamente a la prepotencia deportiva de una plantilla que aprendió a utilizar como nadie las armas psicológicas”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s