El año que vivimos peligrosamente [1983]

El año que vivimos peligrosamente

El año que vivimos peligrosamente (1983)

Un golpe de Estado en Indonesia provoca que el ejército, a las órdenes del general Suharto, tome el poder, asesinando a gran cantidad de civiles. La insurrección comunista no se hace esperar y Guy Hamilton (Mel Gibson) es enviado como corresponsal de guerra en la zona para la emisora de radio australiana ABS. Durante su estancia en la ciudad, remueve la ropa de su maleta buscando ropa de gala para asistir a una fiesta en la Embajada inglesa en Yakarta, y es entonces cuando aparece, entre otras cosas, una raqueta de tenis de madera.

Estamos en 1965, año en que nacieron Andreu Buenafuente, los tenistas Guy Forget y Pat Cash y futbolistas como el incorregible rebelde Vinnie Jones o el virtuoso Chilavert. Nos dejaron también entre otros Malcolm X, Winston Churchill y un virtuoso del jazz como Nat King Cole. El tenis, por aquella época aún no había proclamado la Era Abierta, y el deporte no estaba aún profesionalizado. Por aquella época el dominio en los grandes torneos era, precisamente. para tenistas australianos, por lo que no sería de extrañar que la aparición de esta raqueta sea un guiño al contexto deportivo de la época, puesto que tanto Peter Weir (director de la película) como Mel Gibson son de este país.

Seguramente a algunos les sonará Rod Laver, que hoy da nombre a la pista central del Melbourne Park, y que tres años antes, en 1962 se atrevió a conseguir el Grand Slam (los cuatro grandes torneos en un mismo año), hazaña que repetiría en 1969. Aquella década de los sesenta fue de absoluto dominio de los chicos de las antípodas, con otro histórico de este deporte como Roy Emerson que obtuvo 12 Grandes, por 11 de Laver. También triunfaron otros compatriotas en aquella época, aunque en menor medida, como fue el caso de Ken Rosewall (8), Neale Fraser (3), Fred Stolle (2), Tony Roche (1). William Bowrey (1), John Newcombe (7) o . La cifra apabulla. De los 40 grandes torneos disputados en aquella década, 32 se los llevaron a tierras australianas. Entre los intrépidos que se atrevieron a birlarles un torneo estuvo Manolo Santana, con dos Roland Garros, y una victoria en Wimbledon y en el US Open.

Por si fuera poco, el dominio también se trasladó al tenis femenino, con otra de las grandes figuras de la historia: Margaret Court. Que gano ella sola en la década de los sesenta hasta 16 Grand Slam, para alcanzar posteriormente la estratosférica cifra de 24. A la vitrina australiana de la época contribuyó también la tenista Lesley Turner Bowrey, con dos títulos en Roland Garros.

Quizá todo esto haga entender y explique qué hacía una raqueta en el armario de la habitación de hotel del corresponsal de guerra australiano Guy Hamilton. Australia era una auténtica hegemonía en la época.

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